San José Guayabal, control territorial y prevención para la población, segunda parte: Dominio territorial

Redacción: Eduardo Rodríguez.

“No hace falta hacer una matazón de mareros, basta con tener control territorial”

Nueva República Periódico Digital se trasladó hasta San José Guayabal para realizar una serie de reportajes especiales sobre el clima de certidumbre y sano esparcimiento del que los habitantes del municipio en mención gozan.

Para coordinar nuestra visita acordamos con el alcalde de la localidad, Mauricio Vilanova, reunirnos en un punto céntrico de San Salvador, ciudad en donde sus habitantes sufren constantemente por la inquietud y la zozobra que les genera saber que en cualquier momento pueden ser víctimas de un asalto en alguna unidad de transporte colectivo  o de algún atentado a mano armada.

Fuertemente escoltado llegó al lugar y a la hora acordada.

  • “¡¿Qué tal jefe, cómo ha estado?!”, le pregunta al periodista Eduardo Rodríguez.
  • “Gracias a Dios bien alcalde ¿y usted?”, responde el delegado de Nueva República Periódico Digital

Durante nuestro trayecto el edil nos relató que le costó un período completo (tres años) devolverle a los habitantes de su municipio la tranquilidad y arrebatarles el control territorial a las pandillas, quienes desde la valiente intervención de Mauricio Vilanova no han logrado extorsionar a los comerciantes ni expandir sus acciones delictivas en San José Guayabal.

“Tengo conocimiento que en ese terreno que está a la par de Ciudad Mujer San Martín (señala el lugar mientras vamos rumbo a su municipio) hay varios cadáveres enterrados y las autoridades no hacen nada al respecto”.

Más adelante, ya en carretera que conduce directamente a San José Guayabal, pero aún dentro de la jurisdicción de San Martín, las ruedas de los vehículos dejaron de avanzar.

“En esa casa que usted ve ahí de láminas es donde vive la mamá del palabrero de esta zona (líder dominante de la pandilla). A la par, donde están las flores esas (de color rojo) vive el hijo de ella que es el palabrero”.

Metros más adelante los automóviles detuvieron nuevamente su marcha.

“Exactamente en esta zona donde estamos detenidos a un joven, que tenía una novia que era de San José Guayabal, se le dañó el carro, fue interceptado por pandilleros, lo llevaron al final de esa calle y lo asesinaron y lo enterraron ahí mismo. Nosotros tenemos información que al final de esa calle hay al menos unas 15 personas enterradas, las autoridades ya tienen esa información y no hacen nada”.

“El gordo de ese taller de enfrente es cómplice de los pandilleros e informante, las autoridades ya tienen conocimiento de eso y hasta el momento no lo han capturado”.

Al llegar a nuestro destino nos sorprendió ver que una extensa red de cámaras de seguridad vigilaba minuciosamente nuestros movimientos y que varios rótulos hacen énfasis a todos sus visitantes que lo piensen dos veces antes de cometer cualquier ilícito porque en San José Guayabal se denuncia cualquier irregularidad y se hace respetar la ley y la autoridad.

“Yo me uno, yo escucho, yo veo, yo denuncio. En San José Guayabal lo que se ve y se escucha, se denuncia, aquí no cabe el ver, oír y callar, por ello mantenemos nuestra firme decisión de prevenir y combatir a la delincuencia. Con firmeza podemos decir que con la ayuda de Dios, el apoyo de las distintas instituciones, en especial la PNC, la Fuerza Armada, la Fiscalía y el concurso de todas las familias sanas del municipio, mandaremos a la cárcel a todos los pandilleros y mareros que operan en nuestro municipio. MENSAJE CLARO, AQUÍ NO QUEREMOS, NI TOLERAMOS PANDILLEROS O MAREROS”.

Al hacer nuestro recorrido para documentar el trabajo que se realiza en las diversas iniciativas en prevención de la violencia, nos llamó la atención un joven en bicicleta que recorría constantemente los alrededores del casco urbano del municipio.

“Cualquiera que viera a ese joven que va en esa bicicleta, así como va sin camisa y con cachucha dando vueltas en el casco urbano del municipio como lo hace junto a los demás jóvenes, se asustaría y pensaría que es alguno de los denominados ‘Postes’ (pandilleros que vigilan e informan a su clica) que andan vigilando el sector para informar a su pandilla de cualquier movimiento” – Le dice el periodista Eduardo Rodríguez al edil Mauricio Vilanova –. “Aquí no se preocupe que esas cosas no existen, usted se puede bajar del vehículo con total libertad, acá lo que impera son jóvenes sanos y totalmente alejados del tema pandilleril, en otros municipios eso que usted dice es común, pero acá no existe”, responde el alcalde.

Llegaron las 6.30 PM de aquel 28 de noviembre del 2017 y era hora de hacer nuestro primer recorrido en conjunto con las autoridades de la Alcaldía Municipal de San José Guayabal y miembros de la corporación policial y de la Fuerza Armada.

Antes de emprender la marcha el alcalde coordinó una reunión en su despacho con todos los participantes para definir las zonas que serían patrulladas, tomar un pequeño refrigerio y presentar a quienes les acompañaríamos en esta ocasión para realizar este reportaje especial.

“Acá el alcalde nos da la comida y nos ha habilitado un lugar bonito en donde podemos asearnos, en ningún otro municipio nos han tratado como acá, él se preocupa porque estemos bien y eso nos incentiva a hacer de la mejor manera nuestro trabajo”, relata uno de los elementos de la Fuerza Armada a Nueva República Periódico Digital.

En la reunión se encontraba un joven, a quien llamaremos Bernardo para proteger su identidad, quien había pertenecido a una estructura pandilleril, pero que logró ser rescatado en su totalidad por el alcalde Mauricio Vilanova y ahora estudia para superarse y sacar adelante a su abuela, la única familiar cercana que le quedó luego de que sus padres fueran brutalmente asesinados por pandilleros en una popular y peligrosa colonia de San Salvador cuando él apenas tenía 10 años de edad.

“Él es Bernardo, es ex pandillero, se metió a la pandilla contraria para cobrar venganza luego de que unos pandilleros asesinaran a sus papás cuando regresaban de trabajar.  A ellos los mataron cobardemente por 20 miserables dólares que se negó el papá de Bernardo a pagar en concepto de extorsión; cuando ellos iban de regreso a su casa en la motocicleta los emboscaron y los mataron y Bernardo presenció el hecho”, relata el alcalde.

Al momento en que Mauricio Vilanova mencionaba que el joven fue pandillero, uno de los militares presentes, quien estaba sentado al lado derecho del periodista Eduardo Rodríguez, se inclinó hacia adelante y giró su vista hacia Bernardo, quien estaba sentado al lado izquierdo de Rodríguez, y sus ojos denotaron en ese preciso instante un odio que, se podría decir, salía desde lo más profundo de su alma con el íntegro deseo de someterlo inmediatamente bajo o alejado al régimen de la ley.

De su mirada emanó en ese momento una irritante tirria que puso de manifiesto la animadversión en que esta guerra social sin sentido ha sumergido a nuestra sociedad, pues, como en tiempos de la guerra, pobres se matan entre pobres y los ricos, y los nuevos ricos y terratenientes, gozan de la seguridad del Estado y de las mejores plazas dentro del Gobierno, mientras que el pueblo es azotado cada día más por el aumento en los impuestos ya establecidos, nuevos impuestos, el encarecimiento de servicios y productos de la canasta básica, el asecho constante de las pandillas y el crimen organizado, los bajos salarios y la explotación laboral.

Al conocer las razones por las que Bernardo se había integrado a la pandilla, el elemento militar alzó ambas cejas, movió su cabeza hacia atrás y adelante en señal de un “Sí, te comprendo”, y se recostó nuevamente en el respaldo de su silla.

Nos dispusimos a subir cada uno a sus respectivos vehículos para iniciar nuestro recorrido, los agentes de la PNC (Policía Nacional Civil), los soldados de la FAES (Fuerza Armada de El Salvador) y la seguridad que acompaña al alcalde prepararon sus armas y sus chalecos antibalas para cualquier eventualidad que se pudiera presentar en el camino. Por su parte, el edil encomendó a Dios a todos las personas que iban dispuestas a arriesgar la vida con tal de resguardar la integridad de los “guayabalences” y a quienes íbamos a documentar la travesía.

El trayecto inició con rumbo hacia el cantón Llano Grande, en donde años atrás dominaba la clica 18 revolucionarios.  La oscuridad envolvió a los caminos vecinales y a las calles empedradas de los 9 cantones de San José Guayabal y el ambiente se tornó perfecto para que cualquier grupo delictivo hiciera de las suyas y que sus delitos quedarán en total impunidad, teniendo como testigos mudos la tenebrosidad de la noche, los árboles azotados por el viento y los animales nocturnos, quienes hacen que el entorno a estas horas de la noche sea tétrico para quienes visitamos por primera vez el lugar.

Al estar en la cruzada de la calle que une a San José Guayabal con Oratorio de Concepción, el alcalde detalló que a mediados del año 2015 un Pick Up doble cabina, con dos sujetos atrás con características pandilleriles, circulaba por la zona y al ver la presencia del equipo de seguridad pública aceleraron la marcha, por lo que inició una persecución que tuvo su punto culminante en la calle antigua que conduce hacia Agua Caliente, el edil cruzó su carro para que los criminales no pudieran avanzar.

Al verse acorralados, los delincuentes dispararon contra elementos de la Fuerza Armada, lo que desató inmediatamente un tiroteo que dejó como saldo un antisocial herido de bala en la pierna y otro sujeto abatido, quien quedó en el escena junto a la escopeta con la que atacó a los militares. Ambos pandilleros eran procedentes del cantón Santa Inés de Piedra Labrada, jurisdicción de San José Guayabal.

“Acabamos de llegar al cantón Palacios, aquí andan inventando (intentando reactivar una clica pandilleril) unos 3 ó 4 bichos, pero aquí está bien golpeado porque hemos metido presos a muchos pandilleros. Si no hubiésemos controlado acá, ya hubiéramos tenido la migración de muchas familias, incluso peor que la migración que pasó allá en Caluco (Sonsonate). Acá adelantito (unos metros más adelante) vivía el palabrero de esta zona, cayó capturado mientras empaquetaba marihuana en “Bachas” (porciones pequeñas para consumo personal). Este era conocido por el alias de “Chocala”, relata Mauricio Vilanova.

“Una vez el “Chocala” me mandó a decir con un concejal que no quería verme a mí ni a los soldados cerca de donde él vivía porque él era el que mandaba en el sector, entonces yo le mandé a decir con ese mismo concejal que la noche de ese mismo día yo estaría frente a su casa, entonces mandé a comprar carne y me llevé una parrilla, me puse frente a la casa de él y empecé a asar la carne. Esa fue la forma en que yo le di a entender que la autoridad en San José Guayabal no era él, sino que era yo, y el tipo no salió”.

Al dejar atrás el lugar en donde residía alias el “Chocala”, nos bajamos y el alcalde fue interceptado por unas personas que pasaban por el lugar para saludarlo y compartir su experiencia con nosotros.

“Hubo un tiempo en que estaba complicado vivir acá, pero ahora yo puedo salir a cualquier hora del día o de la noche y me siento tranquilo y no hay ningún problema” – relata la persona que circulaba por una de las calles de San José Guayabal ­– “Salúdame a tu papá”, se despide el alcalde.

Minutos más tarde los elementos de seguridad se activaron y detuvieron a un joven adolescente que se transportaba con otro menor de edad a bordo de una bicicleta.

El joven, al ver la presencia policial y militar, pedaleó más rápido para intentar despistar a los vehículos de Seguridad Pública que transitaban por el lugar, por lo que fue necesario detenerlo, interrogarlo y requisarlo para descartar que fuera un denominado “Poste” de alguna clica de otros municipios.

Mientras el grupo de policías hacían la respectiva requisa y la verificación de los documentos del joven detenido, los militares se asentaron en diversos puntos estratégicos para hacer uso de su total y legítimo derecho a la defensa propia en dado caso que algún grupo de criminales intentaran hacerles una emboscada desde cualquier punto de los matorrales cubiertos por las penumbras de la noche.

“Cuando este muchacho vio las luces del carro, salió más rápido. Uno, podría ser que no quisiera empolvarse por el polvo que íbamos a levantar pasando a la par de él, y la otra es que a lo mejor sabía que estos carros andan patrullando y se les quiso correr a los policías. Entonces lo que hace el policía es que lo ficha, le da seguimiento y ya queda como un joven que hay que observarlo constantemente. Si usted pudo apreciar al otro policía, lo que él hizo fue que el niño pequeño no se afligiera, pero el corte del muchacho grande y su actitud indican que huía de nosotros”, detalla el edil.

Llamada de informante:

Mauricio Vilanova ha desarrollado en su municipio y en municipios aledaños al de él una extensa red de informantes quienes le han depositado su total confianza y le brindan información constante sobre aquellas personas que se movilizan de forma sospechosa y que intentan reactivar alguna clica de pandillas en San José Guayabal.

Continuábamos nuestro recorrido cuando un informante, que casualmente pasaba por el lugar, identificó a cuatro sujetos que intentan reactivar una clica pandilleril y que se encontraban departiendo en una vivienda del sector, así que llamó al alcalde Vilanova para informarle lo que sucedía, dando lugar a que el equipo de seguridad se movilizara inmediatamente hacia las coordenadas brindadas, interceptando a los delincuentes y requisándolos inmediatamente.

Posteriormente, cuando el informante ya había abandonado el área y regresado a su municipio de residencia, confirmó a los elementos de seguridad por medio de fotos quienes eran los pandilleros que estaban en el sector, identificando a alias “El Burro”, de nombre Nehemías, a uno de los hijos menores de una mujer conocida como “La Anabelle”, alias “El Chentiyo”, procedente de Casa de Piedra y que ya había estado detenido en una ocasión, y alias “El Chicote”, todos amigos de alias “El Chatarra” y a quienes se les ha perfilado como pandilleros activos.

“Esta base de datos nos sirve para darles seguimiento a estos jóvenes, ver cómo está su record en la escuela y ver si se han reunido con alias “El Chatarra” (pandillero catalogado de alta peligrosidad), que es un niño de 17 años que está activo con la pandilla. Esta es una presión fuerte para estos “bichos” (jóvenes). Cuando quedan fichados, a veces ellos mismos les cuentan a sus papás y ellos vienen a hablar conmigo, yo les digo que en lugar de venir enojados, que me traigan a sus hijos, intercambiamos redes sociales y números de teléfono y les damos en conjunto con los padres seguimiento a las acciones de estos jóvenes. Con esto estamos controlando en su totalidad el territorio y nos sirve para ver cuáles son los lugares en donde se mantienen, cómo era la bicicleta en donde intentó huir, entre otras cosas”.

Tregua:

“Mire, la tregua fue lo más estúpido que se pudo hacer porque tal vez hubo buena fe de los que negociaron de parte de las autoridades con respecto a detener la ola de violencia, pudo haber buenos resultados porque bajaron los niveles de homicidios, no así el nivel de desaparecidos que se incrementó en esos días, pero lamentablemente las pandillas no cumplieron el trato de la tregua, se recuerda que por un lado en los acuerdos que al menos se ventilaron públicamente eran que ellos no iban a tener presencia en las escuelas, que iban a dejar de reclutar a adolescentes, entonces, por un lado el Gobierno cumplía, pero las estructuras criminales no cumplieron, empezaron a tener mayor control territorial. Por ejemplo, en San José Guayabal, nosotros trabajábamos el tema de las pandillas en conjunto con los investigadores, era un trabajo coordinado, incluso con inteligencia policial, que nos permitió haber neutralizado en el 2004 a la sureña (Pandilla 18 sureños) y tener limpio al municipio, pero del 2009 al 2012 fuimos testigos mudos que se nos metieron por distintos rumbos la 18 Revolucionarios y la MS; entonces qué pasaba, les llamábamos a los detectives con quienes trabajábamos y no nos contestaban las llamadas, si no fuera por un comisionado que me brindó su ayuda para que tuviéramos un GCAP, estuviéramos mal acá con el tema de las pandillas. Es que mire, en este país no hace falta hacer una matazón de mareros, basta con tener control territorial”.

Luego de un par de horas más de recorrido por los diversos cantones de San José Guayabal, regresamos a la Alcaldía Municipal sin hechos o altercados que lamentar.